Eso de leer.

Desde pequeños nos obligan a leer. Hay que aprender rápido no vaya a ser que te vuelvas analfabeto o te quedes a medias como toda la población cani de nuestro culturizado país. Quizás por eso, quizás por ser una habilidad escondida detrás de un cartel que señala que hay que cumplirlo, que te tiene que entrar a la fuerza o si no no hay postre, muy pocos, según vamos creciendo, conservamos ese interés más allá de reconocer letras, números y los diptongos e hiatos dictaminados por La RAE.

El disfrute de la apasionante y mágica experiencia de una buena novela, el interés por un artículo de un extraordinario periodista o de cualquier tema donde la calidad del narrador te envuelva en una nube, en tu propio ‘Home Cinema’ montado alrededor de tu cerebro se ha ido degradando a una fobia a las letras, una fobia a activar la imaginación. Una carencia que va perdiendo fuerza con el paso de las nuevas generaciones.

Hoy en día muchos catalogan cualquier escrito que tenga muchas palabras y pocos dibujos con una etiqueta de “yo no me pienso leer ese tochazo”. Si tiene más de dos párrafos ya su cerebro desconecta, la chispa de la curiosidad desaparece. Son la mentalidad de la era social vaga que disponemos en nuestra actualidad. El desinterés por el esfuerzo. Personas que se consideran escritores por abarcar 140 caracteres en su twitter. Leer una noticia, un artículo se define por leer la portada y cualquier cosa que les pueda parecer importante ‘ya aparecerá en un vídeo por ahí’. Si hay una buena novela, ya verá la película ‘si eso’. Como resumen, Mucha tablet y poco libro.

¿Dónde quedó ese momento único de olor a nuevo tras comprarte un libro, de dejarte llevar por el tacto de sus lisas páginas al pasar cada hoja, de poner un voto de confianza con el autor e intercalar letras en tu imaginación, fusionándolas automáticamente sin darte cuenta, dibujando en tu mente con tu propio lienzo los colores de esa inmensa aventura donde raptaban al tiempo y despegabas con  ojos ricos de ilusión?

Todos hemos escrito miles de cuentos, millones de historias en tinta de “fantaseando en mi cabeza”. Agradezco a todos y cada uno de los autores que por el motivo que fuese, decidieron compartirlo públicamente y como consecuencia, haber podido viajar a lugares que ningún avión podrá llevarme jamás.

El otro día me encontré con un niño pequeño sentado en un escalón de una calle  leyendo un libro. Parecía feliz y me hizo sonreír. Me recordó a mí. Me recuerda que aún quedan niños que a parte de ser soñadores les interesa soñar.

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Ayoze P.G.

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4 comentarios to “Eso de leer.”

  1. Ojizarka Says:

    Como me gusta cuando te pones a escribir, se te echaba de menos.
    Cuando me hablan de la lectura hay algo q siempre digo y no me canso de repetir: yo aborrecía leer en la escuela. ¿Por qué tenía que leerme lo q quisieran otros? y aunque me topé con algunos títulos llenos de magia (como Matilda, Un gato verde y con chispa, o Las aventuras de una pandilla de pesadilla) no me cogía el gusanillo de leer por mi cuenta. Fue mi madre, que sin decirme nada, consiguió q me enamorara de los libros. El verla a ella, sentada en el sofá sonriendo e imaginando otros mundos escapando de la realidad , fue lo que me atrapó. Y nunca estaré lo suficiente agradecida. Y como profe de infantil, les leo muchos cuentos a mis peques, para que vean las maravillosas historias que se encierran dentro de las páginas y que quieran leer ellos cuando sean mayores, pero no porque les obliguen. He dicho. Y hasta aquí mi parrafada de hoy🙂

    • Ayo Says:

      Y muy bien que haces. Que no quede en esos libros que todo pibe deja para última hora, libros que no llegan ni a las 100 páginas, muchos de ellos son buenos libros, pero que se tienen que leer por obligación, por el examen, porque toca. Me parece una excelente idea el leerles a los niños en clase, intercalándolo con los de texto, hacíendoles ver que cada libro es un mundo y que es maravilloso introducirse en él.

      Ojalá hubiera una asignatura de literatura obligatoria, o que en Lengua se exprimiese más el fomentar la lectura, sea poesía o prosa; sea un artículo de un periódico como una receta de cocina.🙂

      • Noelia Says:

        Si fuera una asignatura obligatoria estaríamos en las mismas. Igual que a mi no me gusta ver la tele si no echan alguna película buena que quiera ver, hay a quien leer le aburre si no es un libro que llevara tiempo esperando leer (en el mejor de los casos saben qué libros les gustan y aspiran a leerlos algún día). La culpa no es de la escuela. Pueden inventar mil maneras divertidas de acercar la lectura a los niños, pero de lo que se come se cría. Y está más que demostrado que si los padres no leen, ya pueden decir misa en clase, que no se verá como una actividad de entretenimiento sino como una obligación. Así que, si queréis cambiar eso, el día que tengáis hijos leedles un cuento por la noche, estad con ellos mientras aprenden a leer y jugad a imaginar y colorear los personajes de los libros. Eso es lo que hará que un niño ame leer.

      • Ayo Says:

        Hola Noelia. Todo depende de la motivación, provenga de donde provenga. Cuando comenté lo de una asignatura obligatoria me refería a todo menos a imponer algo por obligación. Quiero una asignatura donde se promueva la lectura como algo maravilloso.

        Aunque como tú comentas, de lo que se come se cría. Por muy bueno que sean los profesores, por mucho que lo intenten, cada profesor está con los niños unas míseras horas en la semana si hacemos la comparativa del tiempo que están con los padres.

        Lo ideal sería tener unos padres que leyesen, o aunque no lo hicieran que le leyesen a sus hijos, que se esforzaran en esa parte del aprendizaje.

        La motivación puede proceder de cualquier parte. Si en la escuela se le fomenta, en el colegio también y entre su grupo de amigos además son ‘debora libros’, sería muy difícil que ese chaval no le surgiera como mínimo la curiosidad de leerse más de un libro.

        Yo he tenido la suerte de tener esa base que tú comentas, Noelia. De tener una familia lectora. Eso y sumándole mi gran curiosidad por las letras y lo que conseguían transmitirme me han convertido en un gran pasionario de la lectura.

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