Reprimirse.

Oprimido por una bala o una flecha de punta desanimada. Así se siente el encadenarse a una habitación como si de un enfermo paliativo que dibuja en su mente una vida diferente, moldeable como la plastilina se tratase.

Quitarse las cadenas, quitar los nudos enredados como auriculares. Lleva tiempo, lleva sacrificios, lleva muchos ingredientes de sabiduría y aprender que al final, soy yo, eres tú, es nuestra vida, es nuestra elección, es nuestro yo interior jugando a ser dios.

Ayoze P.G.

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