Sistermana

Después de miles de rabietas vino la calma. ¿Fue así,no? No sé el día pero nos miramos en nuestros respectivos lavabos, sonrisa mayor a guiño menor, observándonos con risa floja y dientes impecables después de cepillarnos con el siempre deformado bote de pasta “laser”. Fue evidente que nos parecíamos muchísimo. Mellizos destinados a nacer en distinta época, resultando caer en un mismo comedor donde siempre se servía zumo de chistes absurdos. Diestra y zurdo. ¡Vaya pareja!.

Si ya eran peculiares nuestros rasgos fotocopiados a brocha, más lo era cuando a mano alzada nos tocábamos la frente, dándonos cuenta de que esta conexión era verdadera. Era única e irrompible. Era como un parabrisas  que podía contra millones de huracanes de despropósitos y malas caras, arrastrándolos barranco abajo.

Nos criamos, nos aprendimos y seguimos queriéndonos a pesar de que odie tenerte a deciséis mares de diferencia. Moviendo los labios deletreo musicalmente lo tanto que te extraño, expulsando vaho de melodías que siempre han ido un paso por delante de la fantasía, gritando ¡CHÓCALA! a los veintiún vientos.

Cuando te vea nos sentaremos en la azotea. Nos aventuraremos en  flashes de recuerdos del futuro. O del presente, o del pasado. Contigo el tiempo no tiene patas. ¿Te acuerdas de nuestro juego eligiendo películas, mascando el chicle formado por cotufas crujientes con un toque de bio frutas y un bollo por si nuestro estómago volvía  a rugir? Si la juventud era un juguete nosotros lo desgastamos hasta quedarse un fisco de plástico que reciclaríamos para la siguiente semana. Al pensar en ello me chispean cosquillas.

De fondo… suena un piano.

Es en esos momentos cuando la casa se convierte en orquesta, donde los cuadros escuchan atentamente cada rozamiento de tus yemas tecleando vida, transmitiendo y digiriendo notas con una delicadeza tan suave que uno no se da cuenta de que está poseído, magnetizado con una sonrisa que todo el mundo desearía retratar o plasmar. Ahí me advertí de que realmente has fabricado una máquina del tiempo. Parando todo menos mi corazón que va a compás de tus teclas, de tu ingeniosa voz cantando nuestra infancia, juntos.

Realmente no sé cómo podría describirte. Solo sé que eres la banda sonora de mi vida. Asi que te pediré un favor: nunca pares de tocar, imprégname siglos de  tu dulce y acaramelada forma de ser.

Se va la luz en casa y aquí sigo, escuchando la canción de fievel, pensando que tú también lo harás, o por lo menos lo intentarás. Tu transparente hermano te abrazará siempre, amándote porque cuando suena sin querer Claudia en la radio, yo lo único que puedo hacer, es ser feliz.

Ayoze P.G.

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6 comentarios to “Sistermana”

  1. piquirroja Says:

    Muy hermoso. Espero que ese amor sea eterno, que no se rompa nunca. Tú y tu hermana, Tu hermana y Tú. Besitos de papá y mamá.

  2. akanesita Says:

    Que hermoso ayo, definitivamente nostálgico y sincero. 🙂 Que lindo es el amor de hermanos, tan real 🙂

    Un besito!

  3. Rosangeles Says:

    De lo mas bonito que he leído en tiempo, Un abrazo mi niño.

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